En las últimas décadas ha habido un incremento del número de animales de compañía en nuestros hogares, sobre todo de perros. Frecuentemente nos encontramos con familiares, vecinos y amigos que tienen un cánido como miembro de su familia.

Durante estos años hemos tenido la oportunidad de ver muchas formas de tratar a nuestros cánidos, tanto en los programas relacionados con el comportamiento canino en la televisión, como personas que nos conocen y nos aconsejan basándose en su experiencia o conocimientos. Esto nos puede generar muchas dudas y caer en contradicciones a la hora de tratar con nuestro cánido. Hay que tener en cuenta que cada perro es diferente y no siempre es fácil saber qué necesita nuestra mascota realmente.

En mis años de experiencia son muchos los clientes que han acudido a mí por problemas de conductas de sus mascotas. Al hacer la entrevista inicial me doy cuenta de que ese comportamiento se ha visto agravado por la gran cantidad de técnicas diferentes que han probado con sus perros, no llegando a ser ninguna de ellas efectiva (a veces por falta de conocimientos, otras por mala praxis, quizá por falta de constancia…), porque no estaban bien alineadas con el objetivo buscado. Es muy frecuente que las personas que adquieren un cachorro sean aconsejadas por sus conocidos y les digan cómo enseñaron al suyo, cómo lo han educado, e incluso es muy habitual escuchar que hasta los seis meses o un año no se puede empezar a trabajar con el cachorro. Estas ideas son comúnmente aceptadas, pero poco prácticas. La realidad contrastada es que, cuanto antes se empiece a educar un cánido, mejor es el resultado. Cuando el cachorro llega a nuestra casa, normalmente alrededor de los dos meses, no tiene prácticamente nada aprendido más allá de su temperamento e instintos por la raza o mestizaje que tenga y el imprinting (etapa de socialización de los cachorros con sus congéneres y humanos que abarca desde las tres semanas a los dos meses). A partir de los dos meses comienza el periodo de socialización y de adaptación, y aquí ya debemos empezar a trabajar con él. Aprovechar esta época para enseñarle cómo queremos que se comporte con nosotros es ideal ya que es el momento adecuado. Habrá que tener en cuenta que cada hogar tiene sus reglas en cuanto a sus mascotas, por lo cual lo que está bien para unas personas, para otras es una conducta intolerable (por ejemplo, dejar que el perro suba al sofá, la cama, que entren o no en casa.…).

El problema se nos plantea cuando el perro empieza a generar conductas molestas o situaciones que no sabemos gestionar. Esto nos hace sentir incómodos e intentamos buscar soluciones rápidas, lo que se suma a que probablemente aparezcan algunas personas dándonos consejos quizá inapropiados, incompletos o poco efectivos. Por ejemplo, es típico que las personas acariciemos o mimemos a nuestros cánidos en momentos de estrés o ansiedad (se muestra en forma de gemidos, bostezos…). De esta manera estamos premiando la conducta en vez de sacar al perro de esta situación. Lo mismo ocurre con el miedo, retroalimentando así situaciones que nos incomodan. Otro ejemplo que me cuentan habitualmente es el uso de diferentes tipos de collares para evitar conductas no deseadas. Estos pueden ser útiles, pero hay que tener muy claro cómo y cuándo usarlos, y si este no es el caso, puede perjudicar en gran medida la situación y asimismo, la salud psíquica y física del perro.

Con el método que aquí os propongo quiero trabajar desde la mutua comprensión con nuestra mascota, utilizando las correcciones oportunas y evitando cualquier tipo de medida aversiva. Partimos de la base de que si nuestro perro no nos entiende no podremos solucionar nada.

Tras muchos años de experiencia, me he dado cuenta de que hay un punto en común en todos los casos y esto me ha llevado a crear una solución efectiva para enseñaros a entender mejor a vuestro perro, y que este os entienda a vosotros sin importar las experiencias previas. Lo he llamado Método E.P.I.C.A. Este método es una herramienta básica a la vez que completa, que podemos utilizar tanto en cachorros como en adultos para mejorar la convivencia y entendimiento con nuestras mascotas. Cierto es que si tenemos un problema de conducta con nuestro cánido, lo más conveniente sería hablar con un profesional para analizar el problema de manera más exhaustiva y hacer sesiones individualizadas, pero el método siempre os ayudará y os ofrecerá un mayor vínculo entre vosotros y vuestra mascota. Tanto es así que actualmente lo aplico como base en todas las modificaciones de conducta en las que trabajo. Sin más preámbulos os invito a adentraros en una primera parte teórica que creo importante, para, posteriormente, trabajar los talleres prácticos. Espero que os ayude a vivir esa experiencia de relación sana con vuestro perro que estáis buscando. Me pongo a vuestro servicio.

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